Creo que nadie es completamente sincero con lo
que dice que siente. Todos ocultamos muchas veces nuestro lado sensible. Puede
ser por miedo al rechazo, a ser ignorado, por vergüenza, por timidez. Pero
llega un punto que hasta el más tímido explota a su manera, su única manera.
Muchas veces ocultamos lo que mas duele, preferimos no hablarlo, dejarlo
contenido en ese nudo que tenemos adentro y que no sabemos como desenredar.
Preferimos que quede ahí, donde no molesta al exterior, pero si nos lastima el
alma. Esto pasa porque duele recordar lo que no hubiéramos deseado
que pase. Duele saber que esa persona que tanto amaste ya no está, que esa
persona que te tuvo en brazos y te cuido como a nada en el mundo cuando
no podías hacerlo sola se fue injustamente. Duele pensar en todos los
momentos que pasaste con personas que no vas a volver a ver, y no precisamente
por una elección. Duele querer volver el tiempo atrás para remediar tus
errores, para hacer algo que ahora ya no podes o para agradecerle a alguien el
simple hecho de haber formado parte de tu vida. Duele ver el dolor en la gente
que amas, ver las lágrimas correr e intentar ser fuerte para consolarlos. Duele
contenerse, duele tener ese nudo horrible adentro que ya no sabes de que forma
hacer que se vaya. Duele recordar, duele saber, duele pensar. Pero sobre todo
duele extrañar. Y aunque todos extrañemos a alguien que sabemos que no va a
volver, somos felices por haberlos conocido. Por que ese tan pequeño detalle,
hace que hoy vivan en nuestros corazones.
Te dije adiós para toda la vida, aunque toda
la vida siga pensando en ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario