jueves, 13 de septiembre de 2012

Uno no está donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan.

Creo que nadie es completamente sincero con lo que dice que siente. Todos ocultamos muchas veces nuestro lado sensible. Puede ser por miedo al rechazo, a ser ignorado, por vergüenza, por timidez. Pero llega un punto que hasta el más tímido explota a su manera, su única manera. Muchas veces ocultamos lo que mas duele, preferimos no hablarlo, dejarlo contenido en ese nudo que tenemos adentro y que no sabemos como desenredar. Preferimos que quede ahí, donde no molesta al exterior, pero si nos lastima el alma. Esto pasa porque duele recordar lo que no hubiéramos deseado que pase. Duele saber que esa persona que tanto amaste ya no está, que esa persona que te tuvo en brazos y te cuido como a nada en el mundo cuando no podías hacerlo sola se fue injustamente. Duele pensar en todos los momentos que pasaste con personas que no vas a volver a ver, y no precisamente por una elección. Duele querer volver el tiempo atrás para remediar tus errores, para hacer algo que ahora ya no podes o para agradecerle a alguien el simple hecho de haber formado parte de tu vida. Duele ver el dolor en la gente que amas, ver las lágrimas correr e intentar ser fuerte para consolarlos. Duele contenerse, duele tener ese nudo horrible adentro que ya no sabes de que forma hacer que se vaya. Duele recordar, duele saber, duele pensar. Pero sobre todo duele extrañar. Y aunque todos extrañemos a alguien que sabemos que no va a volver, somos felices por haberlos conocido. Por que ese tan pequeño detalle, hace que hoy vivan en nuestros corazones.



Te dije adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti.


No hay comentarios:

Publicar un comentario