- No te parece que tenés que poner un punto final? No
pensás que tenés que dejar de preocuparte por lo que te hace llorar y empezar a
valorar lo que te hace sonreír?
Sonaba en mi cabeza, y hacia eco lo que me decía. Tenía razón. Tenía la
completa razón, que hasta hoy no había podido ver. Estaba dentro de mí,
escondida en algún lugar para no ser descubierta, oculta entre mis pensamientos.
Con que objetivo busqué estar mal? Si siempre lo único que quería era estar
bien, feliz. Porqué no me daba cuenta antes de que la felicidad no depende de
una sola persona? Hoy me pongo a pensar en todas las lágrimas y el tiempo que
gaste en personas que no valían la pena y me decepciono de mi misma. Ella me lo
repetía, me decía que no tenía sentido lo que estaba pensando, y que todos los
momentos que pasaban por mi cabeza fueron lindos mientras duraron. Pero como
hacerle caso, si era también una parte de mi? La parte de mi mente que razona,
que ve las cosas con objetividad. Nunca la escuchamos, siempre está ahí aconsejándonos
como nunca nadie lo hizo, y hacemos oídos sordos a todo lo que dice, sabiendo
en el fondo que tiene razón. Negándome a aceptar la realidad, lloré con más
fuerzas todavía e intenté que mi llanto opacara su voz. Pero eso era imposible.
Por más obstinada que pueda ser una persona, hay veces que es inevitable
admitir la realidad.
Ahora puedo decir que mi conciencia está tranquila. Puedo decir que
quise y me fallaron, puedo decir que cometí errores y fui perdonada. Admito que
no soy perfecta, y que tengo defectos que es muy difícil que algún día llegue a
cambiar. Por primera vez le obedecí, e hice lo que es mejor para mi bien. Suena
egoísta, pero a veces de tanto preocuparse en la felicidad de los demás, uno
termina lastimándose más profundo de lo que parece. Y hoy elijo decir basta,
ponerle un punto final a lo que me hace mal. No una coma, un punto. Las comas
marcan continuidad, y lo que yo quiero
es un fin y un nuevo comienzo.
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