lunes, 1 de octubre de 2012

Anger -


Bronca. Bronca por dentro, por fuera, en la cabeza y en todo el cuerpo. Eso era lo que sentía. Impotencia, bronca, injusticia. Era uno de esos momentos en los que una persona no puede hacer otra cosa más que llorar, por que aunque siempre busquemos la forma de verle el lado positivo a todo, hay situaciones en las que simplemente ese lado no se encuentra. No encontraba una respuesta. Nunca fui una persona pesimista, alguien que solo ve el vaso medio vacío. Siempre mire el lado bueno, las cosas que me podían provocar una sonrisa. Me cansé buscándolas en situaciones donde esas sonrisas se negaban a aparecer, y las lágrimas brotaban de mi como un diluvio. Mi cabeza daba vueltas, y no paraba. Mil planteos por segundo, mil insultos, bronca y más bronca. No podía parar. Me sentía cada vez peor, pensaba formas de solucionarlo pero estaba tan cerrada y sumida en las lágrimas que esas formas no aparecían. A veces uno espera ayuda del exterior, alguien que te de una mano y te diga: "Dale, vos podes salir de esto". Pero esa yuda no existía. No solo que no existía, sino que había personas que con sus actos empeoraban mi ira. En estos momentos es cuando uno se da cuenta las intenciones reales que tiene el entorno que te rodea. Las palabras de la gente que buscaba darme un empujón para seguir no calmaban mi furia, y mi cara estaba empapada. Fue un momento realmente horrible, uno de esos momentos en los que ya no sabes de que forma descargarte. Pero cuando ya las lagrimas se secan y la mente se serena, uno puede ver las cosas con más claridad. Ahogarse en la bronca solo causa dolor, angustia, tristeza. Sirve descargarse, pero no sirve guardarse los pensamientos para uno mismo. Todo se soluciona hablando, y si simplemente no tiene solución por lo menos lo intentaste. A veces solo se necesita un abrazo, uno de esos que te haga sentir que ya pasó todo y que vas a estar bien, para levantar la cabeza y sonreír.

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