Bronca. Bronca por
dentro, por fuera, en la cabeza y en todo el cuerpo. Eso era lo que
sentía. Impotencia, bronca, injusticia. Era uno de esos momentos en los que una
persona no puede hacer otra cosa más que llorar, por que aunque siempre busquemos
la forma de verle el lado positivo a todo, hay situaciones en las que simplemente
ese lado no se encuentra. No encontraba una respuesta. Nunca fui una
persona pesimista, alguien que solo ve el vaso medio vacío. Siempre mire
el lado bueno, las cosas que me podían provocar una sonrisa. Me cansé
buscándolas en situaciones donde esas sonrisas se negaban a aparecer, y
las lágrimas brotaban de mi como un diluvio. Mi cabeza daba vueltas, y no
paraba. Mil planteos por segundo, mil insultos, bronca y más bronca. No
podía parar. Me sentía cada vez peor, pensaba formas de solucionarlo pero
estaba tan cerrada y sumida en las lágrimas que esas formas no aparecían. A
veces uno espera ayuda del exterior, alguien que te de una mano y te diga: "Dale,
vos podes salir de esto". Pero esa yuda no existía. No solo que
no existía, sino que había personas que con sus actos empeoraban mi ira. En
estos momentos es cuando uno se da cuenta las intenciones reales que tiene el
entorno que te rodea. Las palabras de la gente que buscaba darme un empujón
para seguir no calmaban mi furia, y mi cara estaba empapada. Fue un momento
realmente horrible, uno de esos momentos en los que ya no sabes de que forma
descargarte. Pero cuando ya las lagrimas se secan y la mente se serena,
uno puede ver las cosas con más claridad. Ahogarse en la bronca solo causa
dolor, angustia, tristeza. Sirve descargarse, pero no sirve guardarse los
pensamientos para uno mismo. Todo se soluciona hablando, y si simplemente no
tiene solución por lo menos lo intentaste. A veces solo se necesita
un abrazo, uno de esos que te haga sentir que ya pasó todo y que vas a
estar bien, para levantar la cabeza y sonreír.
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