Veía lentamente como todo se caía a pedazos,
como de a poco se iban derrumbando los muros que habíamos construido juntas. No
era literal, pero en mi cabeza había una guerra. Una guerra por volver el
tiempo atrás, por conseguir remediar errores que cambiaran el presente que estábamos
viviendo. Pero era imposible que triunfara. Ya nada era como antes, todo era
tan distinto. Tomamos decisiones equivocadas, cometimos errores, peleamos,
discutimos, y de a poco destruimos todo lo que habíamos creado. Eso tan
hermoso, esos lazos que parecían irrompibles en un principio, de a poco iban
deshaciendo sus nudos y separándose en miles de partes. Creo que ninguna pensó
que esto podía llegar a pasar, y menos yo. La tristeza me invadía, era muy feo
sentir que se iban rompiendo vínculos y relaciones tan hermosas por peleas que
no valían la pena. No encontraba soluciones, ni formas, ni maneras de frenar la
guerra. Lo único que hacía era pensar. Pensar en todo lo que vivimos juntas, en
todos esos momentos únicos e irrepetibles en los que disfrutábamos solamente de
nuestra compañía, de nuestras risas. Llegue al punto de desilusionarme,
convencida de que no se podrían volver a repetir, solo por que todo había
cambiado. Y pensaba, y buscaba una solución, mientras a mí alrededor nada se
detenía. El tiempo corría, y no encontraba las soluciones que estaba buscando. Tenía
muchas dudas, pero jamás dude que esas soluciones existían.
Cómo empezamos? JUNTAS. Inseparables, irrompibles, unidas, con confianza, sin
falsedad, sin discusiones, con errores comunes pero nada que no se pueda
arreglar hablando. No pido que todo vuelva a ser como antes, porque se que es
imposible. Simplemente pido una oportunidad, NOS pido una oportunidad. Y lo
pido por ese tan simple detalle de que son mi vida entera, y de que no estoy
dispuesta a perderlas por nada en el mundo. Las amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario